



















Por: Jennifer Borda, Coordinadora de Comunicaciones CSL.
Este 12 de febrero, nuestra comunidad educativa conmemoró el Día de las Manos Rojas, una fecha en la que rechazamos de manera contundente el reclutamiento, uso y vinculación de niñas, niños y adolescentes en el conflicto armado, y reafirmamos nuestro compromiso con la defensa de la vida y los derechos humanos.
Como colegio, desarrollamos una actividad simbólica en la que estudiantes, maestros y directivos participaron activamente en la elaboración de un mural colectivo; a través de la acción simbólica de plasmar las huellas, expresamos nuestro rechazo a la violencia, con la esperanza de un futuro más justo y en paz.
Esta conmemoración se vivió también en un espacio de encuentro y reflexión durante la Jornada de Regionalización Bogotá–Soacha, en la que participaron estudiantes de nuestro colegio, junto a jóvenes de los colegios de Fe y Alegría Colombia, el Colegio Mayor de San Bartolomé, el Colegio San Bartolomé La Merced y el grupo juvenil Meraki de la Casa Pastoral NSC.
El espacio contó con el acompañamiento del CINEP, con la estrategia ReconoSiendo, la Red Juvenil Ignaciana, la Provincia de Colombia y la Casa Ignaciana de la Juventud.
Este encuentro, enmarcado tanto en el Día de las Manos Rojas como en el Año de las Juventudes, reconoció a las y los jóvenes como actores fundamentales en la construcción de un presente y un futuro esperanzador para Colombia. A través de dinámicas artísticas y reflexivas, los participantes expresaron su postura frente al reclutamiento infantil, fortaleciendo su liderazgo y su compromiso con la transformación social.
Durante la jornada, los grupos crearon porras con mensajes de paz, equidad, libertad y un rotundo no a la guerra. Además, trabajaron sobre mapas de Bogotá y Soacha, identificando desde sus propios entornos, cómo podían aportar a la construcción de paz y a la prevención de las violencias asociadas al conflicto armado. La actividad culminó con el gesto simbólico de las manos rojas, pintadas entre unos y otros, como signo de memoria y solidaridad.
La defensa de la vida y la paz también implica reconocer y visibilizar las múltiples violencias que atraviesan el conflicto, entre ellas la violencia contra las mujeres, quienes, especialmente niñas, adolescentes y jóvenes, suelen verse mayormente afectadas. Nuestros jóvenes ratificaron su compromiso con la equidad, la garantía de derechos y la construcción de una Colombia más justa, libre de violencia y con oportunidades para todas y todos.